En el distrito de Kaël, dentro de la región central de Senegal de Diourbel, la fuente principal de ingresos familiares provienen del cultivo y comercialización del cacahuete y la sandía. Si bien la tierra no es mala, su uso intensivo todos los años y carencia de nutrientes y de descanso, comporta una productividad con valores decrecientes y un rendimiento y calidad del producto inferior al de zonas vecinas.

Un amplio segmento de la población se mueve a una escala de economía de subsistencia, debiendo comprar a crédito las semillas del cultivo y consiguiendo unos beneficios anuales que no le permiten ahorrar y darle la vuelta a la situación de su explotación.

En 2019, pusimos en marcha en el municipio de Touba Mboul y con el apoyo del Ayuntamiento de Tarragona el proyecto de “Redinamización del cooperativismo en el municipio de Touba Mboul para luchar contra la pobreza y favorecer la soberanía alimentaria” para establecer un plan de acción estratégico para los próximos años y crear su estructura operativa que permitiera operativizarlo.

Pese a que al iniciar el proceso de movilización popular existía una sensación generalizada entre la población de que la situación era mala y no había opciones de mejora sin introducir cambios, a ésta le costaba plantear alternativas de carácter más comunitario y vislumbrar que les resultaran beneficiosas.

Sin embargo, aparte de los planes de acción en seis poblaciones se pusieron en marcha ocho GIE (unidades de producción de abades local) y se constituyó la sociedad cooperativa de Touba Mboul que, con más de 500 personas socias, es la más grande de la zona y, posiblemente, de las más grandes de Senegal.

Este éxito en la movilización y auto-organización de la población, posiblemente más que de las acciones de sensibilización y buen know-how de la Association pour le Devoloppement de Diawré Kouta (nuestra contraparte al proyecto) y de otras entidades locales implicadas en la implementación del proyecto, se alimenta de la precariedad de recursos tanto de los agentes institucionales como de los propios productores locales y la necesidad de ser prácticos, es decir, conseguir juntar los pocos recursos existentes de las explotaciones familiares y de la administración – con el adecuado asesoramiento- adquirir insumos a mejor precio y de mayor calidad.

Con la puesta en marcha y ampliación de la estructura operativa creada, se espera tener una reducción del endeudamiento y -con las medidas complementarias de mejora de la tierra- un aumento de la productividad que permita aligerar esta precaria situación, a la vez que , al aumentar la fertilidad de la tierra amortiguar los efectos del cambio climático -reducción y espaciamiento de las lluvias- en la zona y contribuir a reducir el proceso de desertificación.

Ahora bien, la apuesta por el monocultivo tradicional del cacahuete, sin embargo, puede contribuir a reforzar la actual estructura productiva y las relaciones de poder -su comercialización a manos del hombre casado más grande de la casa- reduciendo el rol de la cooperativa a una especie de proveedor de semillas a mejor precio y acentuando el rol subalterno de las mujeres y los más jóvenes, a cargo de otras actividades consideradas como complementarias y una ayuda para la economía familiar.

Ahora bien, después de valorar alternativas, aumentar la productividad del cacahuete es la opción agraria más rentable en la estación de lluvias, así como lo que atrae la amplia base social de la sociedad cooperativa. Asimismo, todo el mundo es consciente de que para superar el actual umbral de precariedad es fundamental disponer a lo largo de todo el año de otras fuentes de ingresos.

En este contexto, bajo el paraguas de una estructura cooperativa que ya ha sido asumida e integrada por el grueso de la población, queremos favorecer la activación de nuevas actividades en la estación seca que, por un lado, faciliten el acceso a nuevos recursos económicos en otros segmentos de población, como principalmente mujeres y jóvenes y, por otra parte, permita a la economía familiar recursos a lo largo de todo el año.

Además reducir la pobreza generalizada en la zona con la continuidad y ampliación del proyecto queremos una transformación -teniendo en cuenta estos códigos culturales- de las relaciones que reproducen desigualdades estructurales de género y, por tanto, para conseguirlo las mujeres deben acceder también a las actividades con mayor impacto económico y tener capacidad de decisión en todo aquello que tiene que ver con su gestión.

Las mujeres actualmente son quienes gestionan pequeños espacios -con árboles y agua- de regadío que se destinan a la economía familiar y vender -muy al detalle- a los mercados locales. Lo mismo ocurre con pequeños animales de corral.

La diversificación de las fuentes de ingresos durante la estación seca está asociada a la ampliación y optimización de estos recursos que correrán a cargo, principalmente, de mujeres y jóvenes. Así, si bien las personas socias lo son por las ventajas que ofrece la cooperativa en el cacahuete, existe un consenso en que es necesario que haya actividad todo el año.

Las mujeres, así, cuentan con la legitimidad de dedicarse a estas actividades, para las que se requieren más conocimientos agronómicos y competencias técnicas y, a medida que tengan mayor importancia en la producción, también de gestión.

Esto debe permitir que vayan también asumiendo más peso -cuando al número de socias como en los órganos de toma de decisiones- en el funcionamiento de las cooperativas y, con ello también, en el liderazgo económico y social actualmente monopolizado por los hombres.

Somos conscientes de que, a pesar de los avances legislativos y compromisos de las instituciones del país hacia esta equidad de género, los discursos tradicionales de los roles de género están muy arraigados, aunque menos entre los y las jóvenes, y por eso es más fácil avanzar en éste segmento para conseguir una igualdad efectiva de derechos entre hombres y mujeres.

En la estación seca, el cultivo del cacahuete tiene mucho margen de mejora, ahora bien son las actividades económicas de la estación seca las que posiblemente tienen más margen de crecimiento y, en estas, el protagonismo lo tienen jóvenes y mujeres.

La continuidad y ampliación del proyecto a escala del distrito de Kaël, así, no sólo contribuye a mejorar la situación global de las explotaciones familiares, sino que habilita un espacio que favorece el empleo en mejores condiciones de jóvenes y mujeres y evolución hacia una sociedad más igualitaria en términos de género.

Cuando a los hombres jóvenes, durante las lluvias ayudan al cultivo del cacahuete, pero durante la estación seca, a menudo se marchan a las ciudades cercanas a buscar trabajos habitualmente ocasionales y mal remunerados. La diversificación de las fuentes de ingresos, especialmente durante la estación seca, les da la opción de quedarse y así, junto con las mujeres, contribuir no sólo a mejorar y transformar la estructura productiva, sino también hacerla más equitativa en términos sociales, de género y ecológicos.

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